Poder, medios y manipulación social (1ª parte)
Víctor Vega
Hay personas a las que les resulta difícil de aceptar que existe una voluntad deliberada de idiotizar a las masas para esclavizarlas, para lo cual hay que empezar por adormecerlas, como explicaremos en este y en los siguientes artículos. Para lograrlo qué mejor somnífero que esta orgía de pantallas lúdicas que corroe poco a poco el desarrollo del lenguaje, del pensamiento y de la capacidad crítica. Esta manipulación puede ser difícil de aceptar para una parte importante de la población, ya sea debido al miedo –que genera pasividad– o a la tendencia imperante a la simplificación; de modo que la gente parece someterse, cuando no cooperar, al simple proceso de desintegración social, desprovisto de vida y de realidad.
Cada generación debe fortalecer su voluntad e imaginación por comprender el mundo que no eligió, pero en el que le ha tocado vivir. Si no somos capaces de orientarnos en las procelosas aguas de esta sociedad en crisis estamos perdidos y el naufragio vital está asegurado.
Para que la educación posibilite conocer y comprender los problemas del mundo en su contexto y complejidad es necesario, entre otras cosas, un análisis de la sociedad, de sus relaciones de poder, de las tecnologías que desarrolla y de los instrumentos de comunicación y manipulación social que se emplean para mantener el actual sistema social de dominación. Vamos a tratar del control de la información, la comunicación audiovisual y el uso de las tecnologías que quienes tienen el poder han impulsado, desarrollado y utilizado para manipular y controlar a la población.
ÍNDICE DE CONTENIDO
Toggle1. El audiovisual un poderoso instrumento de manipulación social
La voluntad deliberada y consciente de manipular a la población no es nueva. El fundador de la relaciones públicas, Edward Bernays, en 1928 comienza el primer capítulo de su libro Propaganda titulado “Organizar el caos”:
“LA MANIPULACIÓN consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país.”
A lo largo de más de un siglo la comunicación audiovisual ha ido ganando terreno hasta convertirse en la forma de comunicación hegemónica en el planeta. Durante este tiempo ha ido influyendo e impregnando el imaginario colectivo de niños, jóvenes y adultos. A su vez, la enorme potencialidad persuasiva y seductora de la comunicación audiovisual, ha permitido que quienes dirigen y controlan esta sociedad mercantil –con toda su maquinaria estatal– la empleen como lo que es: el más poderoso instrumento de perversión, control y manipulación social masiva que existe.
Nos hacen ver el mundo a través de los medios audiovisuales y, a pesar de la influencia creciente de Internet, la televisión sigue siendo el más influyente de todos con diferencia. De modo que lo que no sale en los medios parece que no existe. Y lo que sale suele estar distorsionado y manipulado para impedirnos conocer la realidad. Esto nos hace vivir en un mundo oscuro en el que reina la mentira, la manipulación, la explotación y la opresión.
El audiovisual tiene un lenguaje expresivo propio que es imprescindible conocer y practicar para poder diferenciar los contenidos que se difunden con fines claramente manipulativos, si se quiere desarrollar una autonomía crítica en las personas. Un lenguaje que, en general, es común a todas las obras audiovisuales que se empezaron difundiendo por el cine, luego por la televisión y, finalmente, por Internet y dispositivos móviles. Sin embargo, a pesar de que han transcurrido más de cien años, la alfabetización audiovisual es una carencia que afecta a la mayoría de la sociedad, incapaz de saber cual es la diferencia entre el lenguaje escrito y el lenguaje audiovisual.
¿Por qué hasta ahora los gobiernos y los estados no han realizado verdaderos esfuerzos en el ámbito nacional e internacional por enseñar el lenguaje audiovisual a la población? ¿Cómo es posible que después de más de un siglo de historia audiovisual no exista siquiera acuerdo en el ámbito internacional para definir qué es y qué contenidos incluye la alfabetización audiovisual?
La respuesta a estas preguntas parece obvia: Si la comunicación audiovisual es empleada como un poderoso instrumento de anestesia, perversión y manipulación social, quienes tienen el poder económico, mediático y político no desean que se extienda la alfabetización audiovisual, arriesgándose a que la sociedad pueda darse cuenta del contenido real de los mensajes con el que es manipulada diariamente. Vivimos en una sociedad donde los intereses económicos y el afán de lucro individual, están por encima del interés colectivo.
2. ¿Alfabetización audiovisual?
Una persona que no sepa leer ni escribir una determinada lengua es consciente de su analfabetismo. Sin embargo, cuando se trata del lenguaje audiovisual, esa misma persona es muy probable que no sea consciente de que es analfabeta audiovisual. Se puede ser culto y analfabeto a la vez. El hecho de que a través de sus ojos y oídos perciba las imágenes y escuche los sonidos de los mensajes audiovisuales que se difunden por los distintos aparatos que maneja (televisión, radio, ordenador, smarphone, etc.), crean una falsa ilusión de conocimiento. Esto contribuye a que no sea consciente de su ignorancia sobre los códigos del lenguaje audiovisual, lo que dificulta enormemente su comprensión y análisis crítico de los mensajes que recibe.
En consecuencia, lo que realmente necesitamos saber de la televisión, la radio y cualquier otra tecnología por la que se pueda acceder a contenidos audiovisuales (ordenador, consola de videojuegos, tabletas, etc.) es, sobre todo, cómo nos utiliza.
Según un estudio del año 2019, el 99,3% de los hogares españoles tiene televisión, que mantiene su hegemonía con un consumo de unas tres horas diarias, y lo que vemos nos marca, aunque no lo sepamos ni lo queramos. El 93% de los españoles tiene acceso a Internet (donde el sitio más visitado con diferencia es YouTube para ver vídeos) y están conectados 5 horas y 18 minutos diarios. En el mundo, los más de 1300 millones de usuarios de Google consumen unos seis mil millones de horas de vídeo al mes. Las redes sociales como Faceboock o Twitter (ahora X) están cambiando su estrategia y evolucionan hacia el vídeo mientras el texto va perdiendo relevancia. En el año 2021 había en el mundo unos 6.200 millones de usuarios con smartphones y se espera que en 2024 se superen los 7.000 millones. El 92% de los usuarios de internet utilizan el teléfono móvil para conectarse.
¿Qué efectos ejercen esas tecnología y los contenidos audiovisuales que circulan por ellas sobre nosotros y nuestros hijos? ¿Limitan o amplían la posibilidad de una verdadera libertad de pensamiento y libertad de expresión? ¿Qué implicaciones sociales tiene un mundo dominado por los medios de comunicación audiovisual? ¿Cuántas personas forman su opinión y visión del mundo a través del televisor y otras ventanas audiovisuales?
Difícilmente podremos encontrar y comprender la respuesta a estas preguntas sin conocer bien el lenguaje audiovisual y cómo se utiliza en el proceso de producción de un programa audiovisual. Del mismo modo, al conocer los códigos del lenguaje audiovisual también podemos hacer el análisis crítico de los spots de publicidad y conocer el modelo productivo que se esconde detrás del anunciante, cómo se ha hecho el producto, qué beneficios aporta su consumo, cuáles son sus repercusiones sociales y ambientales, las relaciones de género, los estereotipos de éxito social, la exclusión y marginación, los roles de poder, etc.
☛ Todos los pilares del desarrollo humano se ven afectados por el uso de las pantallas, con graves complicaciones de toda índole: sobre el cuerpo, sobre las emociones y sobre el desarrollo intelectual
3. Los efectos negativos de las pantallas
El entusiasmo generalizado por los dispositivos digitales, choca frontalmente con la realidad que retratan los estudios científicos publicados hasta ahora. Los efectos negativos de las pantallas van, incluso, más allá de los propios contenidos que se difunden por ellas. Según explica Michel Desmurget, en su libro La fábrica de cretinos digitales, las investigaciones sobre el uso de las pantallas ponen de manifiesto la larga lista de sus efectos nocivos, tanto para los niños como para los adolescentes. Efectos nocivos que contradicen los mandamientos del nuevo evangelio digital que pregona la prensa y otros defensores de lo digital (que, obviamente, están comprados por la industria). De modo que las nuevas tecnologías se derrumban ante la decepcionante realidad. Todos los pilares del desarrollo humano se ven afectados, con graves complicaciones de toda índole: sobre el cuerpo (con consecuencias para la maduración cardiovascular, el desarrollo de obesidad, reducción de la esperanza de vida, etc.), sobre las emociones (agresividad, depresión, comportamientos de riesgo, etc.) y sobre el desarrollo intelectual (empobrecimiento del lenguaje, dificultades en la concentración, atención, memoria, …).
Sin embargo, después de más de cincuenta años de coincidencias en los resultados de las investigaciones, es cuando menos escandaloso que los padres sigan pensando que las distintas pantallas y dispositivos digitales tienen efectos positivos en el desarrollo de los niños. Parece que resulta más cómodo permanecer en el limbo que asumir, al menos en parte, la responsabilidad que conlleva ser padres.
Investigaciones que explican por qué la actual locura digital es un veneno para los niños; que la juventud actual es a todas luces la generación más estúpida; que las pantallas son nocivas para el desarrollo del cerebro y lo colocan en una situación de permanente multitarea para la que no está diseñado; que la introducción de dispositivos digitales en el colegio es un desastre que ha costado decenas de miles de millones de dólares, pero no mejora los resultados de los alumnos sino que los empeora; que el frenético reparto de ordenadores portátiles entre los adolescentes de los países en desarrollo, no mejora sus competencias en lectura o matemáticas; que los niños etíopes no aprenden solos a leer con sus tabletas; que en EE.UU. los colegios que estuvieron a la vanguardia en el reparto de ordenadores entre sus alumnos, después de una década no había ni una sola prueba de resultados académicos positivos concluyentes, pero sí eran una distracción en el proceso educativo.
El uso de los videojuegos interfiere en el proceso de memorización, como también ocurre con la exposición repetida a las radiofrecuencias que emiten los teléfonos móviles. Las pantallas, especialmente la televisión, son perjudiciales para el sueño, ya que afecta negativamente al tiempo que los espectadores tardan en dormirse al acostarse y a la duración y calidad del sueño. Como quita horas de sueño a los niños y jóvenes, el no dormir lo necesario les provoca somnolencia y falta de atención durante su estancia en clase.
Otros estudios vinculan el exceso de televisión en la niñez con dificultades para dormir, obesidad e incluso un mayor riesgo de autismo. A partir de una hora diaria de visionado, el consumo audiovisual a edades tempranas tiene impactos negativos sobre la obesidad y el desarrollo del lenguaje. La velocidad de las imágenes audiovisuales impide el desarrollo de la vista en el bebé. Esto se debe a que en el proceso de maduración de la vista del bebé el cerebro (mediante el proceso de plasticidad neuronal) se fija en los bordes de los objetos y pasa de verlos borrosos a verlos nítidos, para lo cual es necesario que los objetos estén quietos o con poco movimiento, mientras que en los programas audiovisuales las imágenes están en continuo movimiento. En suma, a esa edad la televisión impide el crecimiento neuronal del cerebro de los niños por lo que, en si mismo el dispositivo es muy perjudicial.
Existen estudios que indican que la exposición a la televisión antes de los tres años se asocia con problemas de atención que se manifiestan a la edad de siete años, con efectos nocivos sobre la habilidad matemática y sobre la capacidad de comprensión de la lectura. La sobrestimulación generada por la televisión aumenta en el cerebro los niveles habituales de dopamina (un neurotransmisor que se encarga de transmitir información entre las neuronas y las células de los tejidos corporales) interfiriendo en el proceso de atención.
4. Las pérfidas estratagemas de la industria audiovisual
En 1999 la Academia Estadounidense de Pediatría publicó un texto en el que desaconsejaba dejar que los bebés menores de dos años vieran la televisión. Pero, ¿por qué ese limite? Las investigaciones del impacto de la televisión no dicen que se produzca una reducción de sus efectos en los niños mayores de tres años: su influencia negativa sobre el lenguaje, la atención, la creatividad, la obesidad, el sueño, etc., es tan clara y manifiesta a los cuatro, a los ocho y a los doce años, como a los dos años o a los nueve meses.
Aunque los niños son capaces de reconocer las marcas y sus logotipos en la publicidad, es a partir de los tres años cuando empiezan a realizar a sus padres las peticiones de compra. Según una encuesta francesa sobre venta de publicidad de terceros, a partir de los cuatro años de edad más del 75% de las peticiones de compra que hacen los niños se producen después de que hayan visto algún anuncio y el porcentaje de aceptación de los padres es superior al 85%.
De modo que desaconsejar que se vea la televisión antes de los tres años, oculta esta pérfida intención de rentabilidad comercial de la industria audiovisual, a la vez que se da una falsa imagen de honradez, independencia y buena fe. Pero lo cierto es que estas exposiciones tempranas a los tres o cuatro años, edad a la que el ser humano ya es un objetivo publicitario, sientan las bases del hábito consumista posterior, junto con los numerosos efectos negativos psicosomáticos.
La televisión muestra con frecuencia programas con comportamientos agresivos, violentos y actitudes de desprecio a la vida. La omnipresencia de estos contenidos violentos que se difunden por distintas pantallas, es consecuencia de una voluntad comercial deliberada: las escenas de violencia y agresividad estresan el cerebro y, así, lo ayudan en buena medida a memorizar el contenido de la publicidad que se inserta en esos programas.
A principios de los años 60 del siglo XX se descubrió que la mente de los niños se volvía catatónica cuando estaban frente al televisor, ya que el cerebro tiende a cerrarse como respuesta a las fuentes de luz radiante como el televisor. En unos treinta minutos el cerebro de los televidentes pasa de las ondas beta (estado de alerta y atención consciente) a las ondas alfa (estado de descanso y falta de atención consciente). La televisión nos “hipnotiza”, nos deja “alelados” al inhibir nuestra atención consciente.
Sin aprender bien el lenguaje audiovisual ¿cómo se pueden apreciar las poderosas y cuidadas estratagemas que emplean las distintas pantallas para captar la atención de los espectadores? ¿Cómo pueden diferenciar entonces los niños la realidad de la ficción, lo publicitario de lo que se presenta como servicio, la información de la propaganda, el reality show de la realidad, lo serio de lo humorístico, el disparate de la sensatez?
Además de la hegemonía de la televisión, la tecnología actual (ordenador, teléfono móvil, tabletas, videojuegos,…) posibilita la inmersión constante y continuada en los contenidos audiovisuales plagados de publicidad. Todos juntos buscan un objetivo: entretener, divertir y distraer a cualquier precio y por cualquier medio, incitando al consumismo a una masa cada vez más aislada y atomizada de individuos. Así, desde muy pequeños, los seres humanos se van alejando de los valores y metas que construyen el andamiaje de la vida en comunidad, crecen esclavizados por la adicción a las pantallas, aislados y confinados en una deplorable vida privada virtual.
A través del poderoso instrumento que es el audiovisual y las distintas ventanas por las que circulan los contenidos audiovisuales, quienes gobiernan y ejercen el poder (económico, político y mediático) intentan que en la sociedad predominen seres pasivos, torpes, sin capacidad crítica para, de este modo, poder ejercer mejor su dominio social.
El resultado es una sociedad embrutecida, encanallada y adictiva que recurre con naturalidad a la prepotencia, la arbitrariedad, la deshonestidad y el fraude. Una sociedad cuya filosofía se afirma en la obtención del máximo beneficio para acumular riqueza individual. Donde son legíón los que piensan que el dinero lo puede todo y, por tanto, son capaces de hacer cualquier cosa por dinero. Una sociedad donde la connivencia con la violencia, la brutalidad, el odio, la avaricia, la agresividad, la soberbia, la falsedad de espíritu, la envidia o la intolerancia, destruye a los seres humanos y los convierte en infrahumanos. Que barbariza y encanalla a una sociedad donde se extingue la confianza entre la personas y actitudes como la generosidad, la equidad, la solidaridad, la ayuda mutua, la disciplina, el esfuerzo, la amistad, la lealtad o el respeto van desapareciendo, mientras el tejido social se hace cada vez más débil ante una masa atomizada de individuos.
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